Esta propuesta instalativa reflexiona sobre la intervención humana en el paisaje. Se ha abordado un contexto específico de la localidad de San Cristóbal, a orillas del río Torbes, conocido como “La Machirí”, donde se dio un irregular proceso de “urbanismo” que comenzó siendo polémico, criticado y epicentro de disputas políticas. Dentro del conflicto las líneas de necesidad social y de impacto ambiental se cruzan con evidentes líneas de politiquería y mercantilismo. El proceso mediante el cual se habitó este terreno se dio bajo la figura de una invasión, actividad relativamente nueva para los venezolanos, que suele generar álgidas discusiones. Las implicaciones ambientales son fundamentales, ya que se trata de las orillas de uno de los ríos más emblemáticos de la región, mucho se ha hablado de que dicho terreno es una falla geológica, se considera inestable, además de no viable para la construcción, sin embargo de esto han hecho caso omiso las autoridades y los invasores. La necesidad de vivienda aunada al negocio que esto genera se prestó para transacciones irregulares que terminaron entre sombras, silencio y olvido. Lo que no parece tener dolientes es el paisaje.

El concepto de urbanismo, en una sociedad que transa con la inmediatez y con soluciones provisionales, se queda en las aulas universitarias. En la praxis la ciudad crece vertiginosa mediante un proceso de caoticidad incuestionable. El paisaje urbano que no es un capricho estético sino una necesidad de comunión con la naturaleza, de equilibrio y armonía así como la posibilidad de heredar un mejor futuro y tener calidad de vida parece haber perdido su verdadero valor, generando panorámicas tristes donde las ciudades desde la lejanía parecen llagas purulentas sobre el planeta que se extienden cual cáncer inclemente devastando vegetación, socavando tierra y envenenando aguas. Esta muestra invita
a pensar en nosotros como parte constituyente e indivisible de ese paisaje, se trata de darle la importancia necesaria y revisar la relación que tenemos con él. Quizá el arte ha desarrollado el paisaje desde un enfoque esteticista, sin embargo la contemporaneidad nos exige una mirada más aguda y crítica. ¿En que ciudades vivirán las futuras generaciones si los cimientos que alzamos hoy no se planifican?
En un paisaje que es intervenido con altos niveles de entropía, solo cabe una visión caótica del mañana.

Esta exposición fue posible gracias a Annie Vásquez y Alejandro Barreto de Fundajau, a Luis Contreras, Heddy Durán y Antonio Quintero del Instituto de Cultura de Cordero y a los performancistas de la Tétrica Trama teatral: Nilka Velez y Jorge Luis Dávila.
Hola! yo no se mucho de arte pero apenas vi tu obra por casualidad en google me encantó. Felicidades!
ResponderEliminarGracias por el comentario Grecia, la verdad es que para disfrutar del arte no necesitas saber, basta con tener disposición para contemplar...Saludos.
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